Rubén
Morales
FECHA: 22/7/02
LUGAR: Campamento Vespucio,
Pcia. de Salta, Ar
SINTESIS: Un objeto
luminoso del tamaño de una pelota de rugby causó
conmoción entre los diversos vecinos que lo observaron,
permaneció inmóvil 40 minutos para luego alejarse
hacia el oese a una velocidad asombrosa. Desperfectos eléctricos
asociados.
Por el Ing. Manuel Borraz
(Integrante de la Fundación Anomalía, España), especial para Mitos del Milenio
El rotativo argentino "El Tribuno",
de la ciudad de Salta, publicó el 24 de julio del 2002
la siguiente noticia:
Cristina Carrazán de El Tribuno
Un objeto volador no identificado
(OVNI) de grandes dimensiones y de intensa luminosidad, fue avistado
el lunes entre las 20.50 y las 21.30 en la localidad de Campamento
Vespucio a siete kilómetros al Oeste de General Mosconi
y aproximadamente a 350 kilómetros al Norte de la capital
salteña.
El suceso causó conmoción en esta localidad, que
fuera hasta no hace muchola capital hidrocarburífera del
Noroeste Argentino y que tras la privatización de la empresa
estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), se encuentra
semivacía. La presencia del objeto, visible a simple vista
sobre los boscosos cerros tropicales de la sierra de San Antonio,
que sirve de límite natural de la zona, era del tamaño
y formas de una pelota de rugby. La gente de Vespucio salió
a las calles a observar el objeto, que permaneció inmóvil
durante 40 minutos, pero que de pronto desapareció rumbo
al Poniente a una velocidad "asombrosa", según
los testigos.
Una ama de casa -que prefirió que su nombre no fuera mencionado-
dijo que "era algo extrañamente bello. La intensidad
de la luz era enorme aunque curiosamente no provocaba efecto de
encandilamiento". La misma mujer dijo que "todos estábamos
maravillados en un principio pero nos pusimos nerviosos cuando
nos dimos cuenta que paralelamente al fenómeno, los teléfonos
dejaron de funcionar y los sistemas eléctricos de varios
automóviles quedaron como muertos, haciendo imposible arrancarlos
ni encender sus luces".
En Tablillas
Los habitantes del paraje Tablillas,
situado tres kilómetros al interior de la quebrada donde
se asienta Campamento Vespucio y eventualmente más cerca
del OVNI, no se mostraron sorprendidos por el suceso, ya que,
dijeron, "estamos habituados a ver estas singulares cosas
lumínicas desde 1.999, siendo recurrente el hecho de que
cada vez que aparecen se originan fallas en los sistemas motrices
y eléctricos".
En el lugar, viven unas pocas familias, todos ex obreros y empleados
de YPF quienes después de la privatización prefirieron
quedarse en el lugar al que se accede por un camino sinuoso y
de tierra y que lleva al área de operaciones de la petrolera
Pan American.
La vía conduce también a otros pozos de gas y petróleo
que en la actualidad no registran ningún tipo de actividad.
La familia Olima, es una de las que residen en Tablillas. Constituída
por el matrimonio y 13 hijos, ocho de los cuales - de entre diez
y 24 años- viven en la casa paterna, fue espectadora privilegiada
del suceso.
Empero, ninguno de los miembros del grupo mostró -al contrario
de lo que ocurrió con los habitantes de Vespucio- sorpresa.
"Estamos acostumbrados", confesaron al equipo periodístico
de El Tribuno que se constituyó en el lugar.
Gabriel Olima, de 22, un ex estudiante de ingeniería que
por cuestiones económicas no pudo seguir con su carrera
y que trabaja junto a su padre en un taller que tienen en la misma
casa y se dedica además a la apicultura, relató
que "a estos OVNI los vimos muchas veces, a partir de 1.999.
"La
gente no nos creía, por temor o por escepticismo, pero
las apariciones son tan habituales que hasta hemos llegado a determinar
que son visibles entre julio y agosto de cada año. Ni antes
ni después", aseveró el muchacho. "Una
vez vinieron dos personas de un canal de Buenos Aires y los trajimos
para que filmen. Hicieron el trabajo pero no se porqué
razones, jamás lo exhibieron públicamente. Cuando
filmaban, parecían asustados y uno de ellos me dijo que
"eso" que brillaba no era nada conocido, que era "algo
muy raro". Nunca más volvieron".
Por su parte, Fabián Olima, de 24, señaló
que "este o estos objetos parece que tienen horarios porque
siempre se hacen ver entre las 20 y las 21. Están ahí,
se quedan unos 40 minutos y después desaparecen a gran
velocidad" afirmó.
Gabriel contó que en una oportunidad, cuando "la cosa"
apareció detrás de un cerro distante no más
de cuatro kilómetros de su vivienda, decidió ir
a investigar. "Queríamos ver qué era, de qué
se trataba. Salimos con mi papá desde la casa para llegar
al otro cerro. Corrimos por algunos senderos pero de pronto tomó
velocidad y desapareció como una bala".
"Es imposible que lo confundamos con una estrella porque
está muy bajo, de a ratos cambia de color entre celeste,
rojo o amarillo. Una vez buscamos un largavista y descubrimos
que a simple vista parecía estar quieto, pero con la lente
registraba un movimiento constante como si temblara" acotó
Sandra, de 15 años, quien junto a su hermana Miriam, de
14, aseguraron que "el más interesado en desentrañar
el misterio es Gabriel". "Lo que cambió -enfatizó
Fabián - es la distancia. Antes lo veíamos muy lejos
pero la noche del lunes estaba más cerca que nunca".
"Quizás están tomando confianza y cada día
se acerquen un poco más" bromearon los restantes Olima.
Hasta aquí el artículo
de "El Tribuno".
¿Qué decir de estas informaciones? Fascinantes.
Un OVNI de grandes dimensiones -que tan pronto estaba inmóvil
como desplegaba una velocidad asombrosa-, efectos EM... No es
de extrañar la conmoción de los lugareños.
Y no sólo eso. El lugar parece ser una auténtica
"zona caliente" donde se repiten las misteriosas apariciones
desde hace algunos años.
El aficionado ibérico a estos temas -éstas líneas
están escritas en España- se resigna a pensar: "¡qué
casos más extraordinarios en la otra punta del Globo!;
eso no ocurre aquí todos los días". Seguramente
considerará oportuno agregar una nueva entrada a su archivo
particular: "Campamento Vespucio
(Salta, Argentina), 22/7/2002, 20:50-21:30 horas". Incluso
quizá se aventure a plantear alguna audaz reflexión:
¿tendrá este avistamiento alguna relación
con la oleada de misteriosas mutilaciones de ganado que ha estado
asolando Argentina?
Hacerse preguntas, eso está bien...
¿Habrá una base extraterrestre en la región,
oculta en alguno de los "boscosos cerros tropicales"?
¿O bien alguna "puerta interdimensional" que
permita el tránsito entre universos paralelos? ¿Se
explicaría así esa inusual actividad en la zona,
año tras año? Bueno, quizá no sean el tipo
de preguntas más adecuadas, al menos de momento. Desde
luego, no creo que nadie pueda responderlas.
Mejor hacerse otra clase de preguntas.
¿Hay en esa área un microclima favorable a la aparición
repetida del rayo globular? ¿Podría explicar el
rayo globular los fallos en "los sistemas motrices y eléctricos"?
¿Y si se tratara de pruebas de prototipos militares secretos?
El sitio es tranquilo, pero ¿qué potencia militar
se molestaría en ir a realizar ensayos allí y por
qué razones precisas? ¿Es casualidad que se trate
de una zona de yacimientos petrolíferos? Pero no nos precipitemos.
Comencemos por preguntas más simples.
No tenemos a los testigos a la vuelta de la esquina para acudir
a interrogarlos. Pero nada nos impide empezar interrogando al
propio artículo.
No tenemos excusa. Ni nada que perder.
Para empezar, ¿qué
hay de la envergadura del OVNI? El titular es bien claro y se
refiere a un OVNI "de grandes dimensiones", pero...
Por ejemplo, también leemos: "la presencia del objeto,
visible a simple vista sobre los boscosos cerros tropicales de
la sierra de San Antonio...".
Es extraño, tratándose de un OVNI enorme parece
redundante añadir que era visible "a simple vista",
¿verdad?
Busquemos algún dato concreto al respecto. El OVNI tenía
"tamaño y formas de una pelota de rugby". Esto
que parece una información precisa, no lo es.
Sucede a menudo en los informes sobre observaciones de OVNIs.
Ocurre que no hay manera de interpretarlo. ¿El OVNI tenía
el tamaño de una pelota de rugby? Pues, si era así,
¡debía ser francamente pequeño! Tendría
menos de dos palmos de largo. Alternativamente, podemos pensar
que se trata de una comparación del tipo: "tenía
el tamaño aparente de una pelota de rugby situada a una
distancia X". Ahora la comparación no es directa,
sino que se
refiere al tamaño aparente o angular. Un descomunal avión
de pasajeros puede verse del tamaño (aparente) de una lenteja
sostenida con el brazo extendido, o de una pelota de rugby a la
distancia a la que la vería un espectador asistiendo a
un partido de este deporte. Si suponemos que se trata de una
comparación de tamaños aparentes, el problema es
pues evidente: el OVNI tenía el tamaño de una pelota
de rugby ¿situada a qué distancia?
Y esto es sólo el principio. Otras dudas se agolpan en
nuestra mente.
¿Serían buenos los testigos estimando tamaños
o serían de los que exageran considerablemente? ¿Y
cómo podría alguien estimar el tamaño de
algo que no sabe qué es ni a qué distancia está?
Distancia y tamaño. Tamaño y distancia. "En
una oportunidad, cuando "la cosa" apareció detrás
de un cerro distante no más de cuatro kilómetros
de su vivienda, decidió ir a investigar", comentaba
un observador de Tablillas. ¿A qué distancia podía
estar "la cosa"? Imposible saberlo en caso de que sólo
se viera con el cielo de fondo. Difícilmente podrían
saber si estaba delante o detrás del cerro, o incluso mucho
más lejos. A menos que utilizaran un radar o tuvieran una
perspectiva aérea de la escena, lo que no es el caso.
Quizás ahí tengamos otra pista. Por lo que parece,
debía ser un fenómeno percibido como algo lejano,
situado -aparentemente- a unos pocos kilómetros de distancia,
no a un centenar de metros, por decir algo. Por tanto, cabe sospechar
que el tamaño angular no debía ser muy grande después
de todo. En este sentido, eso explicaría la ausencia de
detalles. No se mencionan detalles concretos de las formas (salvo
la comparación con la pelota de rugby), la estructura,
la textura o posibles aditamentos (apéndices, patas, ventanillas,
qué sé yo...). Sólo se habla de "cosas
lumínicas", de una intensa luminosidad, es cierto,
pero que "no provocaba efecto de encandilamiento". En
principio, pues, la luminosidad no impediría observar el
tipo de detalles al que nos referíamos.
Uno de los observadores de Tablillas declaraba: "antes lo
veíamos muy lejos pero la noche del lunes estaba más
cerca que nunca". Más preguntas. ¿Qué
le hizo pensar así? ¿Acaso se observaba más
grande que otras veces? ¿Se observaba más brillante?
¿O quizá más bajo?
Ya hacia el final del artículo, encontramos una declaración
que no tiene desperdicio. Leemos lo siguiente: "es imposible
que lo confundamos con una estrella porque está muy bajo,
de a ratos cambia de color entre celeste, rojo o amarillo".
Aparentemente, la afirmación no tiene nada de particular
pero si leemos entre líneas resulta muy clarificadora.
De manera implícita, lo que nos está diciendo el
observador es que el fenómeno era comparable a una estrella,
es decir, no era muy diferente de una estrella. Si vemos una especie
de lobo en un bosque no se nos ocurrirá argumentar "es
imposible que lo confundiera con una hormiga porque...".
Quizás aleguemos que no hubo confusión con un zorro
o un tejón, por ejemplo. En el caso del objeto luminoso
tendríamos aquí la confirmación de que lo
observado, lejos de ser el objeto de "grandes dimensiones"
aparentes que quizás habíamos imaginado tras una
primera lectura del artículo, sería más bien
una luz brillante con apariencia de astro, tal como hemos empezado
a sospechar tras una lectura atenta del mismo. De la misma manera,
podemos suponer que el fenómeno se vería contra
el fondo del cielo y no delante de alguna montaña o arboleda.
Obviamente, si hubiera sucedido esto último, el testigo
no habría tenido necesidad de insistir en que aquello no
era una estrella.
¿Y qué razones se nos dan para descartar una confusión
astronómica? Por un lado, cambios de color (celeste, rojo,
amarillo). Pero cualquier aficionado a la astronomía sabe
que estos cambios de color pueden producirse, especialmente cuando
los astros están bajos, cerca del horizonte, tratándose
de efectos atmosféricos, en los que no nos detendremos
aquí. Por otro lado, se argumenta que el objeto estaba
muy bajo para ser una estrella. Nuevamente hemos de advertir que
cualquier aficionado a la astronomía sabe que, si las condiciones
de visibilidad lo permiten, pueden verse estrellas (y otros astros)
a cualquier altura. Muchas estrellas salen por (o se ocultan en)
el horizonte como pueden hacerlo el Sol, la Luna y los planetas.
Cabe la posibilidad de que un astro muy brillante pudiera contemplarse
en una franja del firmamento cercana al horizonte donde -por darse
condiciones de visibilidad más adversas que a elevaciones
mayores- no se vieran prácticamente estrellas, y de ahí
la consideración que hizo el observador.
Ahora bien, aún admitiendo que "la cosa" recordara
vagamente a un astro, no hay por qué pensar necesariamente
que se trató de algún astro. ¿Qué
hay de un avión o algún otro artefacto volador?
Los astros se desplazan gradualmente, casi de manera imperceptible.
No se mueven a velocidad "asombrosa", como habría
hecho este objeto. ¿O no fue así?
En realidad lo que llama la atención es la ausencia de
movimientos: "...permaneció inmóvil durante
40 minutos"; "están ahí, se quedan unos
40 minutos...". Esta inmovilidad aparente nos hace pensar
de nuevo en los astros, a menos que nos inclinemos por sospechar
de algún peculiar globo o algún misterioso helicóptero.
Pero los observadores llegaron a utilizar instrumentos ópticos
y no reconocieron ningún vehículo convencional.
Por
cierto, fue así como descubrieron unos extraños
movimientos: "una vez buscamos un largavista y descubrimos
que a simple vista parecía estar quieto, pero con la lente
registraba un movimiento constante como si temblara", declaró
una observadora de 15 años. Seguramente no nos equivocaríamos
suponiendo que si hubiera hecho uso del "largavista"
con un buen apoyo el misterioso movimiento habría desaparecido...
¿Qué pensar entonces de los desplazamientos fulgurantes
que se mencionan?
"De pronto desapareció rumbo al Poniente a una velocidad
'asombrosa'..."; "...después desaparecen a gran
velocidad"; "...pero de pronto tomó velocidad
y desapareció como una bala". ¿Qué tienen
en común estas descripciones? Curiosamente, todas ellas
se refieren a la desaparición del objeto luminoso.
¿Y si los observadores estuvieran describiendo, simplemente,
su particular interpretación de la extinción de
la luz de un astro? Es una posibilidad bastante obvia. En otras
palabras, cuando indicaron "desapareció a gran velocidad"
quizá deberían haberse limitado a decir "desapareció
rápidamente", aunque aquello pudiera darles la impresión
de alejarse hasta perderse en un abrir y cerrar de ojos.
Después de tantas preguntas ha llegado el momento de dar
una respuesta. Afortunadamente, la fauna celeste cotidiana no
improvisa sus movimientos.
Ello nos permite echar una mirada retrospectiva al firmamento
que se veía desde Campamento Vespucio aquel 22 de julio.
Efectivamente, había un astro que no podía pasar
desapercibido, un brillante lucero. Muy probablemente, el objeto
luminoso observado inmóvil hacia poniente durante 40 minutos
era Venus. El planeta era visible hacia el oeste con una elevación
inicial sobre el horizonte de 17º que se redujo a 8º
hacia el final, es decir, a las 21:30 horas. El ocaso de Venus
se producía más tarde, hacia las 22:04, pero el
planeta dejaría de ser visible antes debido a la orografía
de la zona e incluso quizá a la presencia de algunas nubes.
Recordemos ahora que la familia de Tablillas aseguraba: "a
estos OVNI los vimos muchas veces, a partir de 1.999...";
"...hasta hemos llegado a determinar que son visibles entre
julio y agosto de cada año"; "...parece que tienen
horarios porque siempre se hacen ver entre las 20 y las 21. Están
ahí, se quedan unos 40 minutos y después desaparecen
a gran velocidad". ¿Podemos esclarecer también
la naturaleza de estas observaciones? De entrada, la regularidad
de las apariciones y su larga duración nos hace sospechar
un carácter astronómico. A este respecto resulta
pertinente señalar que Venus fue visible en ese margen
horario en los meses de julio de 1999, agosto del 2000 y, por
supuesto, julio del 2002 (también en agosto). No puede
decirse lo mismo de los meses de julio y agosto del 2001. En cualquier
caso, parece razonable pensar que Venus pudo tener mucho que ver
con estos incidentes.
Todo esto está muy bien. Pero también ha llegado
el momento de preguntarse: ¿cómo encajan los "efectos
EM" en este escenario? Una testigo residente en Vespucio
relató: "todos estábamos maravillados en un
principio pero nos pusimos nerviosos cuando nos dimos cuenta que
paralelamente al fenómeno, los teléfonos dejaron
de funcionar y los sistemas eléctricos de varios automóviles
quedaron como muertos, haciendo imposible arrancarlos ni encender
sus luces". Los habitantes del paraje Tablillas declararon:
"estamos habituados a ver estas singulares cosas lumínicas
desde 1.999, siendo recurrente el hecho de que cada vez que aparecen
se originan fallas en los sistemas motrices y eléctricos".
No vamos a negar a priori que se produjeran estos efectos, pero
¿hay que aceptar sin más que hubo una relación
de causa y efecto con la presencia luminosa? Lo que hemos visto
antes no apunta en ese sentido precisamente... Venus es completamente
inofensivo. ¿Asistimos al nacimiento de una superstición:
cuando algo falla será culpa de "la cosa" luminosa
de allá arriba? Dejaremos la pregunta en el aire.
A lo largo de estas líneas, el artículo publicado
en "El Tribuno" ha ido contándonos todas sus
confidencias. En espera de que el futuro nos depare más
datos sobre el caso, que cada cual saque sus propias conclusiones
provisionales.