Autor: Dr. Oscar A. Galíndez
Fuente: Revista "Ovnis, un desafío a la ciencia", N° 8, Ed. CADIU, Córdoba, Argentina, set. 1975. Reproducido con autorización del editor.
FECHA: 16/7/72
LUGAR: Arroyito, Pcia.
de Córdoba, Ar
SINTESIS: Dos hombres
que viajaban en automóvil fueron sorprendidos por un llamativo
relámpago nocturno, tras el cual pasaron junto a una suerte
de "tren" con grandes ventanillas anaranjadas. Efectos
posteriores: Distorsión del tiempo, amnesia de recorrido,
escaso consumo de combustible y efectos psicofísicos.
Por el Dr. Oscar A. Galíndez
I PRELIMINARES
Se ha hablado con cierta frecuencia
de presuntas manifestaciones de teleportación (1). Confesamos
que al margen del carácter fantasioso que presentan los
relatos de ese género siempre nos resultó problemático
asignarles un cierto grado de credibilidad, particularmente en
orden a las dificultades con que hemos tropezado en los pretendidos
episodios argentinos de Bahía Blanca (año 1959)
y Chascomús (año 1968) (2). En sendas ocasiones
nuestro espíritu de curiosidad se vio coartado por múltiples
inconvenientes que imposibilitaron un estudio directo de los casos.
Jamás pudimos entrevistar personalmente a quienes fueron
sindicados como protagonistas de esas experiencias; y no porque
hayamos optado por la cómoda posición de remitirnos
a las versiones periodísticas que circulaban sobre el particular,
sin esforzarnos por evaluar el nivel de veracidad que pudiera
haber en ellas. Muy por el contrario. Nuestros intentos al respecto
fueron intensivos, pero no fructificaron en razón de que
ninguno de los "indicios" analizados nos condujo a los
propios protagonistas, si es que éstos realmente existieron.
Los órganos de prensa que difundieron originariamente aquellas
versiones se encerraron en el secreto profesional, a fin de "respetar
la intimidad de los observadores". Frente a tales alternativas,
nuestra modesta función se limitó a recoger el material
periodístico existente y reproducirlo -con las prevenciones
del caso- a nivel internacional. La existencia de otros incidentes
más o menos parecidos, aparentemente producidos en otras
partes del mundo, no hizo menguar nuestras grandes dudas sobre
la factibilidad de los fenómenos de teleportación.
Sin embargo, en la segunda mitad de 1972 tuvimos ocasión
de estudiar con profundidad un suceso de este género, un
mes antes que la prensa argentina se ocupara de su difusión.
Esto facilitó nuestra tarea, toda vez que los testigos
no denotaron en ningún momento fatiga ni recelo hacia nosotros,
prestándose amablemente a nuestra requisitoria.
Los
protagonistas
Los ocasionales protagonistas
de este episodio fueron dos conocidos hombres de Córdoba.Uno
de ellos es el señor Atilio Brunelli, 55 años, catedrático
de música, compositor y concertista; el otro, el señor
Severino Porchietto cuenta con 61 años y es jubilado industrial.
Los dos protagonistas, Sres, Severino Porchietto
y Atilio Brunelli, en oportunidad una de las entrevistas. (Archivo
CADIU).
Dos de las reuniones se verificaron
en la residencia del señor Brunelli, mientras que una tercera
lo fue en la casa del señor Porchietto.
El contacto personal con los testigos nos permitió sopesar
la elevada formación cultural de ambos, la sinceridad de
su narración y la incuestionable fuerza de convicción
de la misma.
II EL RELATO
Los testigos son antiguos
vecinos de la localidad de Balnearia (distante 185 km. de la ciudad
de Córdoba). El señor Brunelli residió en
aquella ciudad 24 años, trasladándose en 1954 a
Córdoba. El señor Porchietto estuvo afincado en
Balnearia por espacio de 30 años, estableciéndose
también posteriormente en Córdoba.
La circunstancia precedentemente indicada reviste particular importancia
para nuestro estudio. Se trata de personas que, por estar unidas
por lazos familiares y de amistad con vecinos de Balnearia, viajan
4 ó 5 veces al año a esa localidad, habiendo redundado
tal contingencia -a través de los años- en un conocimiento
pormenorizado de la ruta.
En sus años juveniles integraron allí un conjunto
musical, razón por la cual el viernes 14 de julio de 1972
se les invitó a participar de una mesa de camaradería
con miras a rememorar ésa y otras experiencias. Aceptada
la invitación, ambos se trasladaron a la ciudad de Balnearia
en un automóvil Ford Falcon, modelo 1968, de propiedad
del señor Porchietto.
En aquella oportunidad se llevó a cabo un recital que estuvo
a cargo de varias orquestas, y que se prolongó hasta la
madrugada del día siguiente. La reunión se verificó
en el Club Atlético Independiente Unión Cultural
de Balnearia, a la que asistieron alrededor de 1.500 personas.
El sábado 15, por la noche, nuestros entrevistados fueron
despedidos con una cena y baile en el mismo club. En esa ocasión
al señor Brunelli le fue entregada una plaqueta conmemorativa,
mientras que al señor Porchietto un pergamino recordatorio,
lo que de por sí habla de la elevada respetabilidad de
nuestros entrevistados.
A las 2,30 a.m. del domingo 16
de julio procedieron a retirarse del lugar de reunión para
emprender el regreso a Córdoba.
Fig.1 Mapa
del trayecto Balnearia-Córdoba con las poblaciones intermedias.
(Ilustró B.O. G.)
Tienen bien presente
esa hora dado que a las 2,00 habían manifestado a sus anfitriones
la necesidad de alejarse de la fiesta, atento Io avanzado de la
madrugada y la circunstancia de restar aún un viaje de
casi 2,30 horas hasta Córdoba. Ante la insistencia de sus
amistades, optaron por permanecer unos minutos más, lapso
éste qué estiman entre 20 y 30 minutos. Transcurrido
el mismo y tras las salutaciones de rigor, se alejaron de la velada.
No habían Ingerido bebidas alcohólicas. Antes de
enfilar hacia Córdoba llenaron el tanque de nafta. (Capacidad
= 65 litros).
a) El fenómeno
La marcha era regular
y sostenida, oscilando la velocidad entre 80 y 100 km/h, según
los accidentes propios del camino. El vehículo era conducido
por el señor Porchietto, cuando 3 ó 4 minutos después
de haber superado la localidad de Arroyito (ver. Fig. 1) se vieron
sorprendidos por un tremendo destello de luz blanca que iluminó
el área como de día. El señor Brunelli alcanzó
a divisar una forma oscura en el cielo, a la altura del marco
superior del parabrisas; pero no pudo apreciar con precisión
sus contornos, ya que el techo del automóvil le obstaculizó
toda visión ulterior. No le dio importancia al hecho (al
que, en principio, tomó por una nube) ya que acompañó
la observación con la expresión: "¡Tormenta!".
Eran exactamente las 3,10 a.m. y se encontraban a 76 km. de Balnearia.
Instantes después observaron en el costado izquierdo del
camino -a unos 50 metros de la ruta, y sobre un terreno completamente
llano- una hilera de luces rectangulares que atribuyeron a un
convoy ferroviario detenido. (La vía férrea corre
paralela al pavimento, según se advertirá en la
Fig. 1). Las luces -de suave coloración anaranjada- parecían
corresponder a una estructura de unos 50 metros de largo, cuyos
contornos no pudieron determinar ya que se fundían en la
oscuridad.
El señor Porchietto confiesa que no prestó mayor
atención al "tren", aunque recuerda perfectamente
las características de las luces. El señor Brunelli
-en cambio-, fue girando su rostro a medida que la imagen era
superada por el vehículo, aunque admite que la observación
la hizo con aire de natural despreocupación. El avistamiento
duró unos 10 segundos.
Perdido de vista el "convoy", la atención del
señor Brunelli se centró en mirar incesantemente
el cielo a fin de localizar la tormenta. No vio nubes que confirmaran
su presentimiento. La noche era despejada. Los astros brillaban
con marcada luminosidad. (Nos confesó que pocas veces había
visto un cielo tan diáfano y tachonado de estrellas).
b) Siguen las sorpresas
Pocos minutos después
repararon que se aproximaban a una población que -por sus
luces- pensaron que se trataba de Río Primero (ver fig.
1), aunque les extrañó sobremanera tal circunstancia
ya que no habían traspuesto otras localidades no menos
importantes, como Tránsito y Santiago Temple. Súbitamente
se enfrentaron con una curva hacia la izquierda que -evidentemente-
no correspondía a las características del lugar.
La sorpresa fue recíproca ya que -conociendo perfectamente
la ruta- no esperaban esa desviación.
Siguieron avanzando, comprobando
que se trataba de la localidad de Montecristo, situada 25 km después
de Río Primero. Al margen del asombro momentáneo,
no dieron después importancia al hecho ya que pensaron
que la propia naturaleza del viaje nocturno les había creado
la impresión de un itinerario mucho más corto. Se
alegraron de encontrarse en las proximidades de Córdoba.
Los 28 km. que restaban para llegar a esta ciudad los devoraron
en 15 ó 20 minutos, llevando el señor Porchietto
a su acompañante hasta el domicilio de éste y retirándose
después hasta su vivienda particular, ubicada a dos cuadras
de allí.
Al entrar en su casa, el señor Brunelli notó que
el reloj de su habitación marcaba las 3,30 a.m., pero confiesa
no haberse extrañado mayormente por la circunstancia de
haber recorrido 185 kilómetros en apenas una hora. (El
señor Porchietto -por su parte- nos expresó que
arribó a su domicilio a las 3,35 a.m., aseverando que es
bien probable que cuando dejó al señor Brunelli
en su casa fueran las 3,30).
III COMPROBACIONES
A fin de facilitar el
análisis del contexto general del incidente, creemos conveniente
reseñar algunos detalles de interés que los mismos
protagonistas certificaron con posterioridad al arribo a Córdoba.
a) Ambos coinciden en afirmar que cuando llegaron a Córdoba les embargaba un estado desusual de euforia. No sentían fatiga alguna por la jornada festiva ni por el viaje de regreso. El señor Brunelli confiesa que experimentó la necesidad de despertar inmediatamente a su señora esposa y dos hijas para participarles de las atenciones recibidas en Balnearia, pero, -aspecto curioso-, en ningún momento les refirió (por no tenerlas presente) las peripecias del retorno, con su fenómeno luminoso, el "convoy" y la inexplicable reducción del viaje. El señor Porchietto -en cambio- nos acotó que a las 8 a.m. ya se encontraba levantado, no acusando tampoco cansancio alguno. Pero -a diferencia del señor Bruneili- narró horas después a sus familiares todas las vicisitudes vividas durante el regreso;
b) Un hijo del señor Porchietto se aprestaba esa mañana a viajar en el Ford Falcon a la ciudad de Río Cuarto. Al ir a constatar la cantidad de nafta que tenía advirtió que el tanque (cuya capacidad es de 65 litros) estaba a medio llenar. Le indagó a su padre si había vuelto a cargar combustible tras tu regreso de Balnearia, a lo que -obviamente- el señor Porchietto respondió en forma negativa. Asombrado por la afirmación de su hijo, se apresuró a confirmar la realidad de lo manifestado. En efecto, el vehículo sólo habla consumido 12,5 litros, cuando ordinariamente consume 25 litros en ese trayecto.
c) A partir de esa mañana -y al margen del
inusitado estado de euforia y placidez que le embargaba- el señor
Brunelli comenzó a notar un hormigueo que localizó
en la región dorso lumbar derecha. La sensación
que experimentaba la describió como una suerte de adormecimiento
que -haciéndose cada vez más notorio- se circunscribía
a un perfecto círculo de 1,5 centímetros de diámetro.
El área quedaba insensibilizada por completo. Luego de
unos 2 minutos volvía a sentir un hormigueo creciente,
hasta recuperar su natural sensibilidad. Estas manifestaciones
se repitieron por espacio de 4 días, a razón de
4 ó 5 por día. Suseñora esposa nos expresó
que en ningún momento el fenómeno se tradujo en
manifestaciones somáticas. No advirtió ninguna mancha,
verruga o coloración especial en la piel. Pero recuerda
que cada vez que los síntomas se presentaban, su esposo
le pedía que tratara de determinar si notaba alguna tonalidad
especial en el área afectada;
d) El señor Brunelli siempre tuvo problemas de tensión (18 1/2), lo que le acarreaba continuos mareos. No obstante no haber respetado el tratamiento médico, su tensión se estacionó en 14 desde el día del incidente hasta la última de nuestras entrevistas (18 de septiembre). Ignoramos si se han producido variantes de interés con posterioridad a ella. El señor Porchietto -en cambio-, no experimentó ninguna sensación similar, salvo el estado de placidez que fue común a ambos;
e) Al mediodía del lunes 17 de julio, una de las hijas del señor Brunelli (que había estado horas antes en contacto telefónico con el señor Porchietto, quien le había referido las peripecias del viaje de retorno), le preguntó a su padre si no les había sucedido algo curioso durante el regreso. Recién entonces relató los fenómenos descriptos precedentemente. Pese a la trascendencia de los hechos, el mismo señor Brunelli nos confesó que no acierta a explicarse la razón por la cual su mente "marginó" esos episodios por espacio de casi 33 horas. No obstante la significación de los mismos, y su notable memoria, no recuerda haberlos rememorado con posterioridad a su llegada a Córdoba; sólo lo hizo cuando su hija le formuló la pregunta en tal sentido;
f) De todos modos, a partir de entonces el señor
Brunelli sintió necesidad de ponerse nuevamente en contacto
con el señor Porchietto, a fin de intercambiar impresiones
sobre la experiencia vivida. Como resultado de ello, confirmaron
las características del "vagón iluminado",
las horas de salida y de llegada a Córdoba.
Ambos coinciden en manifestarnos que les ha resultado incomprensible
la falta de curiosidad que demostraron por el extraño convoy,
cuyas ventanillas no eran cuadradas, sino rectangulares, como
pórticos. (Los testigos calculan que cada una tenía
unos 3 m de alto por 0,70 m). Además, no había ningún
tipo de luz o reflector en cada uno de los extremos del objeto;
y, lo que es más notable, la vía del ferrocarril
corre a 10 metros del camino y no a 50 metros del mismo. distancia
ésta que correspondía aproximadamente al estacionamiento
del "convoy".
Tampoco encontraron respuesta satisfactoria a los motivos por
los cuales no entraron en cuenta de que lo visto era algo realmente
anormal, y les parece imperdonable que no hayan optado por regresar
inmediatamente a indagar la naturaleza de esa presencia. El señor
Brunelli reconoce ser un espíritu extremadamente curioso,
y confiesa que en la emergencia no obró como regularmente
lo hubiera hecho;
g) Otro detalle de interés está representado por el comportamiento del señor Porchietto, quien pese a ser un gran fumador (lo comprobamos en oportunidad de las entrevistas), después del avistamiento del "convoy" no fumó ningún cigarrillo por el resto del viaje;
h) A criterio del señor Porchietto, instantes
después de la observación del objeto, tuvo la rara
impresión de que el automóvil se balanceaba a escasos
centímetros del pavimento. El señor Brunelli -en
cambio- confiesa no haber experimentado esa sensación,
pero reconoce que a ambos les llamó la atención
el andar suave del vehículo, no apreciándose en
absoluto los numerosos accidentes de la ruta.
No llevaban la radio encendida. No advirtieron fallas en el motor
ni en las luces. Tampoco en sus relojes. No percibieron niebla
ni olor alguno, ni experimentaron durante la observación
del "convoy" sensaciones musculares o cutáneas
de ninguna especie;
i) En un viaje diurno que emprendieron posteriormente
a Balnearia no pudieron localizar exactamente el sector del incidente;
pero piensan que se produjo unos pocos kilómetros después
de Arroyito, última localidad que recuerdan haber traspuesto.
En toda esa área el terreno es completamente llano, sin
edificaciones de ninguna especie. Además, no vieron a lo
largo de toda la ruta nada que pudiera asociarse a lo divisado
en aquella ocasión. Cualquier cosa que hubiere sido, evidentemente
ya no estaba allí.
Tras este reconocimiento, y ya de noche, tuvieron la suerte de
asistir al paso de un tren de pasajeros. Esta apreciación
les resultó de suma utilidad, toda vez que pudieron contrastar
la notable diferencia existente entre éste y el objeto
observado. El convoy convencional se desplazaba a muy poca distancia
de la ruta (recuérdese que la vía férrea
corre paralela al camino, a apenas 10 metros del mismo), apareciendo
sus ventanillas muy pequeñas, con una luz blanca que permitía
divisar sin dificultad los detalles interiores de los vagones.
El extraño objeto -en cambio- acusó marcadas disimilitudes,
tanto con respecto a la distancia del camino (50 metros), como
con relación a las dimensiones de las "ventanillas"
(3 m por 0,70), a la suave luz anaranjada que éstas irradiaban
y a la falta de apreciación de detalles correspondientes
al interior de ese elemento.
IV EL PROBLEMA DE LA REDUCCION
TEMPORAL
Al margen de las características
insólitas de la observación practicada por los señores
Brunelli y Porchietto, resulta obvio que el detalle de mayor significación
está centrado en la notoria reducción del viaje.
Procuraremos precisar algunos conceptos que nos serán de
utilidad para la efectiva comprensión del episodio.
1° La distancia media entre Balnearia y Córdoba es de 185 km, hasta Arroyito hay 76 km; entre esta localidad y Río Primero, 56 km; y entre esta última y Córdoba 53 km. (ver croquis).
2° Los testigos sólo recuerdan haber traspuesto
la población de Arroyito e inmediatamente después
vieron el "convoy" detenido. Unos 5 ó 7 minutos
más tarde divisaron las luces de lo que -asombrados- supusieron
era Río Primero (situada a 132 km de Balnearia y a 56 km
de Arroyito). Sin embargo, se trataba de Montecristo (situada
a 157 km de Balnearia y a 81 km de Arroyito).
Les ha llamado poderosamente la atención que no recordaran
haber pasado por Tránsito, Santiago Temple, Río
Primero (la ruta atraviesa el centro de la ciudad, la que cuenta
con una excelente iluminación) y Piquillín. Evidentemente
hay un tramo de 81 km respecto del cual los protagonistas no recuerdan
absolutamente nada;
3° Si tal impresión no estuviese complementada por otros detalles de importancia, obviamente carecería de relevancia. Esos detalles son:
a) Si bien cabría presumir que por distracción no se percataron de las poblaciones que pasaron (lo que de por sí resulta bastante improbable, particularmente para con una ciudad como Río Primero), resulta significativo que la sensación de asombro fuera simultánea. Ambos reaccionaron sorprendidos al ver la curva hacia la izquierda. Es curioso que personas muy conocedoras de la ruta hayan experimentado coetáneamente igual desconcierto. El señor Porchietto reconoce que después de la observación del objeto se puso algo nervioso (no pudo -por tanto- conducir con tanta distracción y displicencia como para no recordar los centros de población superados). El señor Brunelli -por su parte- admite que inmediatamente después del "relámpago" se empeñó en localizar la presunta tormenta. (Esto lo tiene que haber mantenido en vilo, por lo que debió haber notado las ciudades emplazadas a la vera de la ruta);
b) El vehículo sólo consumió 12 1/2 litros de nafta desde Balnearia, cuando regularmente el viaje les insume 25 litros;
c) El señor Brunelli entró en su domicilio
a las 3,30 a.m., lo que certificó con el reloj de su habitación.
El señor Porchietto arribó a su casa a las 3:35
a.m., y reconoció que 5 minutos antes había dejado
al señor Brunelli en la suya. Esto significa que en sólo
una hora recorrieron 185 kilómetros. No sólo el
Ford Falcon del señor Porchietto no alcanza esa velocidad,
sino que, por prudencia, raras veces supera los 115 km/h.
Preguntado el señor Porchietto si no atilnó a fijarse
en el cuenta-kilómetros del vehículo, manifestó
que no lo hizo ya que generalmente no controla el kilometraje
recorrido en cada uno de sus viajes;
d) Un hermano del señor Porchietto, que también
estuvo en la reunión de Balnearia, confirmó que
ambos protagonistas salieron de esa ciudad alrededor de las 2:30
horas a.m.
Otras personas que asistieron al ágape nos corroboraron
igualmente el dato horario en cuestión.
Los familiares de uno y otro certificaron que llegaron a Córdoba
a las 3,30 a.m. (Brunelli) y 3:35 a.m. (Porchietto).
e) Fuera del itinerario seguido por los protagonistas de este episodio, no existe ninguna otra ruta más corta entre Balnearia y Córdoba.
V OTROS TESTIGOS
Los testigos procuraron
mantener la vivencia en secreto, refiriéndola sólo
dentro de círculos muy estrechos. (Debe recordarse que
las entrevistas se llevaron a cabo un mes después del incidente,
y hasta ese momento la prensa no había tomado conocimiento
del hecho). Sin embargo, una maestra allegada al señor
Brunelli comunicó el hecho a la corresponsalía cordobesa
de La Razón, cuyos reporteros entrevistaron al señor
Brunelli y elaboraron una nota que se publicó en el vespertino
mencionado.
La difusión del hecho -por lo menos en sus aspectos más
generales- tuvo un corolario positivo. En efecto, una familia
apellidada Isala -afincada también en Córdoba- tomó
contacto con el señor Brunelli para hacerle presente que
la misma noche del avistamiento había divisado un relámpago
de similares características al descrito por ellos.
El 21 de octubre entrevistamos a los señores Isala, con
miras a interiorizarnos de los pormenores de su experiencia.
Habían salido de Balnearia entre las 2:35 y 2:45 a.m. del
16 de julio de 1972. Cinco personas se conducían en un
Ford Falcon (consumo: 20 litros de nafta cada 170 ó 180
km), siendo ellas los señores Tito Aldo Isala, Enrique
Isala, Ludovico Isala y dos amigos circunstanciales, el señor
Ricardo Baile y una señorita de nombre Estela. Tras 15
ó 20 minutos de viaje se encontraban a la altura de Frontera
(23 km de Balnearia) cuando advirtieron hacia el S.O. un vivo
relámpago que iluminó ese cuadrante por fracción
de segundos. (En la Fig. 1 se verá que la localidad de
Arroyito se encuentra al S.O. de Frontera. La hora de observación
coincide con bastante aproximación con la proporcionada
por los señores Brunelli y Porchietto). El destello fue
de una blancura excepcional. También pensaron en una tormenta,
pero no divisaron nubes que afianzaran tal presunción.
La noche era fría, con atmósfera límpida
y un cielo tachonado de estrellas.
No vivieron otras alternativas de interés, ni vieron el
"convoy" después de Arroyito. Llegaron a Córdoba
a las 4:15 a.m. (o sea, entre 1,30 h y 1,40 h de viaje, según
las horas aproximadas de salida suministradas por los señores
Isala).
VI IMPROBABILIDAD DE UN TREN
Hemos confirmado en el
Ferrocarril Nacional General Belgrano que, a la hora de visualización
del supuesto "convoy" de Arroyito, no se encontraba
en esa zona ningún tren. El último convoy salió
de la ciudad de Córdoba a las 22 horas del sábado
15 de julio, de modo que resulta insostenible la posibilidad de
que, 6 horas después de su partida, aún se encontrare
a 109 kilómetros de aquella estación ferroviaria.
Además, las normas de
seguridad del control de circulación exigen que -producido
cualquier percance en un convoy- se notifique el hecho de inmediato
a la oficina de circulaciones y por cualquier medio que fuere.
No hay constancias en los partes de esa fecha sobre la eventualidad
de que algo de eso haya sucedido con el tren de las 22 horas,
el cual llegó a destino sin novedades de importancia.
También hemos recabado a la Oficina de Control de Circulaciones
sobre la posibilidad del desplazamiento de una unidad del tipo
denominado "coche-motor" informándosenos que
en la fecha mencionada no se registró movimiento alguno
de ese transporte.
VII UFOLOGIA COMPARADA

A) El "tren" dé la Cuesta de las
Vacas (San Juan).
El 7 de julio de 1968, en oportunidad de realizar un viaje en
automóvil desde la localidad argentina de Difunta Correa
a la ciudad de San Juan, el señor Francisco Zamora (40
años, industrial establecido en esta última ciudad)
tuvo una extraña experiencia. Le acompañaban su
esposa María Frías, su hermana Trinidad Zamora,
su cuñado Carlos Muñoz y dos niños.
Tras pasar la Cuesta de las Vacas (Provincia de San Juan) se encontraron
con una suerte de "tren" que cruzaba la ruta. Detuvieron
el vehículo hasta que el "convoy" terminara de
pasar. Cuando reanudaron la marcha no encontraron las vías
férreas.
Observando el lugar con extrañeza, determinaron que se
encontraban en una llanura. Allí no habían visto
jamás vías de ferrocarril, pues recordaban que sí
las
había mucho más adelante.
Estaban seguros de ello y lo confirmaron. Varios kilómetros
más adelante las encontraron, a la entrada de Pozo de los
Algarrobos.
Recopilando lo acontecido, manifestaron que vieron algo así
como un vagón de ferrocarril con ventanillas y de unos
30 metros de largo. Daba la sensación de que se movía
suspendido en el aire, a un metro del suelo. La visión
fue perfecta dentro del área de luz proyectada por los
faros del automóvil (3).
8) El "tren," de Colonla Helalcó
(Santiago del Estero)
C) El "tren" de Lavalle, (Santiago del
Estero)
El sábado 8 de julio de 1972 (ocho días antes del
fenómeno de Arroyito) el señor Carlos Altamirano,
subgerente de la sucursal "Bonafide" de la ciudad de
Tucumán, se conducía en un automóvil con
rumbo a la localidad de Frías (Provincia de Santiago del
Estero). Lo acompañaban las señoritas Aurora Bracamonte,
secretaria de la Escuela Normal de Frías y María
Angélica Bracamonte, ambas domiciliadas en esa ciudad santiagueña.
Habían salido poco antes
de las 11:00 p.m. de la capital de Santiago y a poco de andar
vieron caer delante del automóvil una esfera de fuego del
tamaño de una pelota de fútbol -supuestamente una
centella- que estalló antes de tocar el suelo. Este fenómeno
lo observaron cuando atravesaban la sierra de Guasayán.
El
fenómeno de Lavalle -Santiago del Estero- del 8 de julio
de 1972 (Ilustró Rodolfo).
Un trecho más adelante, cuando viajaban por la ruta 157
a la altura de Colonia Achalco entre las localidades de Tapso
y Frías, cerca de Lavalle, vieron algo insólito.
Eran las 11:45 p.m. Al tomar una curva del camino, a unos 800
metros a la derecha, observaron posado un objeto que el señor
Altamirano describirá como "un tren entre los árboles".
Se trataba de una serie de ventanas verdosas que tenían
la altura de una puerta común, y que se disponían
a lo largo de un objeto de unos 50 metros de largo que se encontraba
detenido en el suelo.
El conductor -evidentemente impresionado por el fenómeno
(no hay vías férreas en ese sector)- optó
por acelerar el vehículo y alejarse a gran velocidad. La
señorita Aurora Bracamonte expresó que en ese sector
no existe ningún poblado ni casa y, por tanto, la fuerte
luz que irradiaban las ventanillas no podía provenir sino
de un elemento extraño, ya que en ese lugar no hay electricidad
(5).
VIII CONCLUSIONES
En aras de la seriedad
científica que debe presidir la consideración de
estos fenómenos hemos creído oportuno especificar
en esta crónica los aspectos más significativos
del incidente Brunelli-Porchietto, absteniéndose de entrar
en elucubraciones que nada aportarían aJ esclarecimiento
del problema.
Sólo cabe practicar una interesante distinción entre
los efectos individuales y comunes que ambos tuvieron como consecuencia
de la observación. Así:
a) Comunes: (Tanto Brunelli como Porchietto vieron el destello y el objeto, no recuerdan haber recorrido los 81 kilómetros posteriores del Itinerario, no tuvieron espíritu de curiosidad por indagar la naturaleza de ese elemento y fueron embargados por una extraña sensación de placidez);
b) Individuales: (Sólo el señor Brunelil experimentará otras curiosas sensaciones psicofísicas, caracterizadas por el adormecimiento circular de una parte de su región dorso lumbar derecha, el olvido por espacio de 33 horas del incidente y la estabilización de su presión arterial).
Nos da la impresión de
que algo realmente insólito sucedió en ese tramo
de 81 kilómetros, y en donde -a estar por los efectos individuales-
el señor Brunelli habría sido el más afectado.
¿Cómo y por qué? No lo sabemos.
Creemos -sin embargo- que la investigación no está
terminada ni mucho menos. Nos hemos permitido sugerir a los protagonistas
la posibilidad de someterse separadamente a sesiones de hipnosis.
Prometieron consultar con sus respectivos facultativos para evaluar
la conveniencia de su verificación.
CITAS BIBLIOGRAFICAS
1) a) Bibliografía
sobre implicaciones parapsicológicas de la teleportación:
Fodor, N "Mind over space: The mystery of teleportation"
en la revista Fate, abril, 56, pp. 81-91; mayo 56, pp. 87-94;
junio 56, pp. 89-96; julio 56, pp. 82-87; agosto 56, pp. 89-96;
set. 56, 79-96; act. 56, pp. 85-96; dic. 56, pp. 84-95; feb. 57
pp. 87-93; mar. 57, pp. 82-91; abr. 57, pp. 91-98; may. 57, pp,
88-94; jul. 57, pp. 89-98; ag. 57, pp. 89-108.
Sanderson, Iven I. "Atta the telepathic teleporting ant."
en la revista Fate, XVI, mayo 63, pp. 45-52.
b) Bibliografía sobre Implicaciones ufológicas
de la teleportación:
- Jessup, M. K. "El Caso de los OVNIs" Populibros "La
Prensa", México 1956. pp. 169-182;
- Creighton, G."Teleportationa",Flying Saucer Review,
mar-abr. 65, pp. 14-16;
- Galíndez, 0. A. "Teleportation from Chascomús
to México" FSR, set-oct. 1968 pp. 3-4.
- Creighton, G. "More Teleportations" FSR,- set-oct.
1970, pp. 11-13 y 32;
- Creighton, G. "Another Teleportation and its Sequel"
FSR, set-oct. 1971, pp. 15-17 y 19;
- Creighton, G. "Uproar in Brazil" FSR, nov-dic. 1971.
pp. 24-29;
-Creighton, G. "More on Teisportations" FSR, set-oct.
1972, pp. 31.
2) Creighton, G. "Teleportations", op cit.
Galíndez, 0. A. 'Teleportation from Chascomús to
México', op. cit.
3) Boletín AIDOVNI, Buenos Aires, núm. 15,
set-oct. 1968, pp. 46-47.
4) La Razón, Buenos Aires, 14 julio 1972. La Voz
del Interior, Córdoba, 18 julio 1972.