Autor:
Dr. Oscar A. Galíndez
Fuente: Revista "Ovnis, un desafío a la ciencia",
N° 3, set.-oct. 1974, Ed. CADIU, Córdoba, Argentina.
Reproducido con autorización del editor.
FECHA: 27/9/72
LUGAR: Santa Isabel, Pcia. Córdoba, Ar.
SINTESIS: El joven
Enrique Moreno conducía su motocarga dentro de la planta
automotriz, cuando una figura muy alta y atlética, de cara
angulosa y orejas en punta que se movía como un robot se
le acercó caminando pesadamente, como si fuera a interponerse
en su camino. Se verificaron alteraciones en el funcionamiento
del vehículo y en el reloj pulsera del observador, quien
sufrió una parálisis espástica.
Por el Dr. Oscar A. Galíndez
I. SEGUNDO FENOMENO ANTROPOMORFO
El segundo episodio de esta serie de
fenómenos antropomorfos de naturaleza desconocida se verificó
seis días después del incidente Merlo, el cual -insistimos-
no fue divulgado sino después de haberse conocido la producción
de este otro hecho.
A nuestro criterio, la experiencia de su protagonista (señor
Enrique Moreno) es quizá la más importante de todas,
ya que presenta algunas características significativas
que lo colocan a la cabeza de la casuística argentina sobre
manifestaciones antropomorfas no identificadas.
1.
Datos personales del testigo
El señor Enrique
Moreno es un joven de 19 años de edad, que tiene cursado
el segundo año del ciclo técnico y también
el segundo de la Escuela de Suboficiales de Córdoba. Es
empleado administrativo de Ika-Renault, en la Planta de Santa
Isabel. Presta servicios hasta las 11.30 p.m. en el Departamento
de Teletipos y distribuye la documentación interna de la
empresa en una motocarga que le permite estrechar las distancias
del complejo industrial (foto 4). Por expresa disposición
de la empresa lleva consigo un libro diario en el que consigna
la hora de cumplimentación de cada diligencia.
El señor
Enrique Moreno
Es de baja estatura, delgado y de carácter introvertido, Cuando lo entrevistamos por primera vez el 14 de octubre de 1972, estaba aún fuertemente impresionado por los hechos que le tocó vivir.
2. Condiciones de observación
En la noche del 27 de
setiembre de 1972 el joven Moreno salió de la Oficina de
Guardia alrededor de las 10.30 p.m. y dejó después
la documentación pertinente en la Oficina de Ingeniería
(fig. 4). Habituado a la rutina, no oprimió la perilla
de luz y depositó a oscuras -en una mesa- las planillas
en cuestión. Súbitamente se prendieron y apagaron
paralelamente las dos filas de tubos fluorescentes que existen
en la sala principal de la oficina. La operación se repitió
tres veces, sin que los tubos hubiesen parpadeado en lo más
mínimo. Al apagarse las luces por última vez (todo
el procesó duró apenas 15 segundos) escuchó
durante unos segundos un ruido como de turbina. Al margen del
inexplicable encendido de las luces, le llamó la atención
el zumbido, toda vez que no existía en ese sector de la
planta maquinaria alguna en funcionamiento. Y aún en el
supuesto de que así hubiere sido, asegura que no hay en
ella un implemento técnico susceptible de reproducir las
características del ruido percibido.
Sintió algo de temor. Montó nuevamente en la motocarga
y enfiló hacia el sector de depósito, atravesando
una calle interna de aproximadamente 200 metros de extensión
(fig. 4).
Cumplimentada la tarea
respectiva en este último sector, salió del mismo
a las 11.13 p.m., intentando reproducir en sentido inverso el
trayecto que le llevaría nuevamente a la Guardia.
Sorpresivamente divisó hacia su derecha -bastante lejos,
y casi más allá de los suburbios de la planta- una
suerte de arco iris que se había formado muy cerca de tierra.
Foto
4.-El testigo Moreno montado en su motocarga.
No dio mucha importancia al hecho y aceleró su motocarga
en la dirección ya especificada, comenzando a repetir el
trayecto anterior.
En esas circunstancias visualizó a unos 100 metros de distancia,
sobre la margen derecha de la calle y a unos 10 metros del cordón,
una figura verde-azulada que se desplazaba pesadamente y que le
dio la impresión de que se le iba a cruzar en el camino.
(En ese costado derecho, el terreno es completamente despejado,
aunque tiene 0,50 m. de elevación con relación a
la calle. En el borde de aquél y a lo largo de unos 100
metros de extensión estaban dispuestos unos chassis que
iban a exportarse a Chile).
El señor Moreno pensó en un operario (éstos
utilizan mamelucos verdes), especulando también con la
posibilidad de que el detalle brillante que se apreciaba en él
estuviese motivado por la incidencia de la luz a gas de mercurio
que existe en las inmediaciones. Pero le llamó le atención
la talla desmesurada de esa persona, al punto que creyó
que estaba por gastarle una broma, trepada en zancos.
Cuando estaba a unos 30 metros de proximidad (foto 5) la figura
giró el torso hacia él, arrastrando en tal movimiento
la cabeza y los brazos, cual si éstos fuesen miembros inanimados,
adheridos fijamente a aquél.
Paralelamente
el caño de escape de la motocarga produjo un disparo y
-enseguida- el vehículo comenzó a sacudirse, disminuyendo
las revoluciones del motor y denotando éste "desinfIarse"
rápidamente.Puso la segunda velocidad, pero la motocarga
avanzó lentamente y se detuvo inexplicablemente frente
a la entidad, la que se encontraba en medio de los chassis. Por
ese motivo sólo fue visible de la cintura para arriba.
La foto 6 muestra el lugar en que se detuvo el vehículo
(indicado en la emergencia por el autor de este artículo)
y la posición del fenómeno, señalada por
el propio señor Moreno. (El motor no se detuvo nunca. Funcionó
a muy baja revolución; pero las ruedas estaban como "clavadas"
sin desplazamiento alguno).
Fig. 4.
Plano del sector
de depósito en la observación de Moreno.
3.
Descripción de la entidad
De porte atlético
y talla superior a los dos metros. (En la reconstrucción
determinamos entre 2,30 y 2,40 metros). Rostro anguloso, recortado
a planos y de color blanco o verde muy claro. (El testigo ignora
si este último detalle era real o se debía al reflejo
tonal de la vestimenta). Sin cabellos, con orejas que sobrepasaban
el cráneo; ojos brillantes y redondos, como si se tratara
de dos bombitas de luz amarilla; no tenía párpados,
pestañas ni cejas; boca como una línea recta y fina;
pirámide nasal perfecta, sin carnosidades, como si hubiese
sido modelada. Daba la impresión de no ser una entidad
viviente, sino mecánica.
Fig. 5. La
entidad según descripción del testigo Moreno.
La vestimenta consistía en un buzo enterizo verde-azulado,
de apariencia plástica y de aspecto luminiscente. Tenía
un cinturón ancho, plateado, con una hebilla grande y ovalada
del mismo color. En la cintura derecha existía una pequeña
protuberancia, como una cartuchera. Los chassis le impidieron
apreciar las características de las extremidades inferiores
(Ver fig. 5 y fotos 7 y 8, que reproducen él frente y perfil
de la entidad, según un busto modelado por un hermano del
autor, don Luis E. Galíndez).
4.
Efectos que caracterizaron la observación
a) A partir de los 30
metros de distancia y a medida que la motocarga se aproximaba
al punto de ubicación de la entidad, el señor Moreno
comenzó a experimentar un insoportable zumbido en sus oídos,
al punto que éstos quedaron como tapados o apunados (efecto
que subsiste hasta que se aleja del lugar del fenómeno);
b) Paralelamente a la verificación del efecto
precedente, ganó todo su cuerpo un curioso hormigueo, que
también persistió hasta su apartamiento del área
de la manifestación antropomorfa;
Foto
5. El Sr. Moreno durante la entrevista.
c) Sus extremidades superiores e inferiores sufrieron una parálisis espástica, caracterizada por la inmovilidad de las mismas (salvo la cabeza), como si de pronto hubiese perdido por completo su vitalidad habitual. Pese a ello, no tuvo inconvenientes en mantener la posición que traía en el vehículo;
d) La zona de producción del fenómeno estaba muy caliente, pese a que la noche era bastante fresca;
e) En el ambiente flotaba un olor a aceite quemado.
f) Sintió posteriormente sequedad en la boca y una sensación de náuseas, que subsistirá por espacio de 24 horas;
g) Localización de un dolor en la
nuca, en los brazos y en los dorsales, efectos éstos que
persistían al tiempo de nuestra primera entrevista;
h) Ardor en la vista, seguido de un lagrimeo intermitente (efecto que perduró tres días)
Foto 6.
Lugar exacto donde
tuvo lugar de la observación.
5. Alternativas posteriores a la
observación
a) El señor Moreno
piensa que no estuvo más de 30 segundos frente a la entidad,
no advirtiendo que ésta realizara movimiento alguno durante
el encuentro. (Salvo el giro de 45 grados, ya apuntado). Súbitamente
la motocarga salió disparada hacia la izquierda, sin que
él haya podido controlarla y como impulsada por una fuerza
desconocida. (Si se estudia la figura 4 se notará que a
la izquierda de la callejuela está emplazada la planta
de montaje, una de cuyas puertas se encuentra precisamente a sólo
7 metros del lugar en que se encontraba Moreno). El vehículo,
no bien superó ese acceso, dio un salto brusco volviendo
el motor a funcionar normalmente. Pese a ello, el señor
Moreno sostiene no haber podido dominar enteramente la máquina,
toda vez que aún se encontraba embotado por los efectos
del fenómeno. No recuerda haber accionado los controles
para dirigirla, por lo que piensa que, o bien él maniobro
la unidad instintivamente, o bien ésta dobló las
cuatro curvas de la calle interior del hangar (fig. 4), bajo los
efectos de una fuerza desconocida. La velocidad límite
allí (hay carteles indicativos) es de 5 km./horarios. Sin
embargo, nos acotó que el vehículo se desplazó
a unos 50 km./horarios, al extremo que al superar la última
de las curvas estuvo a punto de volcar. Al llegar a la Guardia
casi embistió las barreras de seguridad, lo que le valió
una inmediata reprimenda verbal de parte de uno de sus integrantes.
Paralelamente a su arribo escuchó
la sirena de salida, que suena exactamente a las 11.30 p.m. Su
reloj pulsera -en cambio-, marcaba las 11.13 p.m. y se encontraba
detenido. El señor Moreno acrecentó su asombro al
certificar en la Guardia que -efectivamente- eran las 11.30 p.m.
No acierta a explicarse cómo pudo haber estado 17 minutos
frente al fenómeno, ya que está completamente
seguro de no haber perdido el conocimiento en ningún momento.
Foto 7 . Busto del ser observado. Según
modelación de Luis Galíndez.
(En la reconstrucción del hecho determinamos que si el señor Moreno realmente partió del sector de depósitos a las 11.13 p.m., el trayecto que realizó desde allí hasta la Guardia -incluyendo su detención frente a la entidad por espacio de 30 segundos- no le habría demandado más de 3 minutos. Vale decir, que su hora de arribo al citado punto terminal tendría que haberse producido alrededor de las 11.16 p.m.). Sobre el particular, queda planteado un importante interrogante acerca de un eventual estado amnésico de 17 minutos en el testimoniante, y probablemente rescatable al conocimiento general, por conducto de una futura regresión hipnótica;
b) La Guardia -interiorizada del incidente- se apersonó
inmediatamente al sector de visualización de la entidad,
pero no encontró rastros de ella. Tampoco percibió
el olor notado por Moreno ni comprobó la existencia de
calidez alguna en el área.
Sin embargo, detrás de los chassis -y casi correspondiendo
a la posición que habría ocupado el fenómeno-
el señor Moreno dice que constató la presencia en
el terreno de dos huellas rectangulares de unos 0,20 por 0,40
m. Allí la tierra estaba caliente; las marcas denotaban
una depresión de 2 centímetros con relación
al suelo (que es bastante consistente en razón de su mezcla
con aceite); dentro de ellas había
partículas luminiscentes, como mica. Llamada la Guardia
a certificar el descubrimiento, uno de sus integrantes restó
importancia al hecho reprochándole a Moreno estar viendo
visiones, y con el pie derecho removió a desgano el perímetro,
acotando paralelamente que es muy común encontrar en ese
terreno partículas de mica.
Foto 8.
Idem.
c) El Sr. Moreno -mientras era blanco de chanzas por
parte de quienes le acompañaban en la emergencia, y que
ponían en tela de juicio su observación- comenzó
a notar que se agudizaba su estado nauseabundo, haciéndose
intolerables los dolores en la nuca, brazos y dorsales. Las sienes
le palpitaban.
Fue conducido rápidamente a la Clínica interna de
la empresa, en donde se constató que su tensión
había descendido a 7. Allí perdió el conocimiento.
Cuando volvió en sí, y recuperado parcialmente como
consecuencia de la inoculación de sedativos, fue conducido
en una ambulancia hasta su casa. En un estado marginal, casi de
semi-inconsciencia, pasó por su mente con sugestiva reiteración
una serie de palabras y números que no recordará
posteriormente con precisión. Pero no olvidó expresiones
como "coordenadas" "latitud" "longitud",
"18". Ignora si las mismas conforman algún resabio
del episodio vivido;
d) Ya en los accesos a la ciudad de Córdoba,
el señor Moreno pidió a los conductores de la ambulancia
que le acercaran hasta la casa de su novia. (El mismo protagonista
no cejó después en subrayarnos su sorpresa por este
comportamiento suyo).
La señorita Elba del Valle Céliz, 18 años,
nos confirmó que alrededor de las 0.30 a.m. el joven Moreno
llegó hasta su domicilio particular, repitiendo permanentemente
haber visto en Ika-Renault una entidad de aspecto mecánico,
como un robot. Lo notó muy nervioso y pálido. Se
asustó al verlo así. Para su extrañeza, le
pidió le permitiera recostarse unos minutos en un sillón,
a lo que accedió. Cayó rápidamente en sueños,
advirtiendo que temblaba y se movía nerviosamente en el
aposento, como si estuviere siendo presa de fuertes convulsiones.
Lo despertó preocupada. El señor Moreno bebió
un vaso de agua, se disculpó por lo ocurrido y se despidió
de su novia;
e) Al día siguiente (28 de setiembre), y reintegrado
nuevamente a sus tareas nocturnas en la fábrica, vivió
otra experiencia análoga que nos relató en estos
términos:
A las 10.30 p.m., tras realizar unas tareas en una oficina contigua
al sector de teletipos, se dirigió a esta última
dependencia con miras a recoger unos implementos de trabajo. Mientras
lo hacía, tuvo la súbita impresión de que
alguien lo observaba. Dirigió rápidamente su mirada
hacia una ventana que da hacia un descampado (ver sector N°
1 en la fig. 6), y advirtió que a sólo 3 metros
de ésta se encontraba -de frente- la misma entidad de la
noche anterior. Paralelamente los tubos fluorescentes se prendieron
y apagaron de manera análoga a lo sucedido en la Sala de
Ingeniería. Un suave zumbido como de turbina inundó
el ambiente. Las teletipos se encendieron. Presa de particular
sobresalto, el señor Moreno corrió hacia la Guardia,
intentó superar las barreras de contención clamando
la necesidad de que alguien lo acompañase a certificar
la presencia del intruso. (Ver sector N° 2 en la fig. 6).
Uno de los guardias le tomó de un brazo y le manifestó
seriamente que se serenase, atento que su obsesión por
probar su presunta experiencia le hacía ver visiones que
terminarían por enloquecerlo. Le invitó a compartir
el café con el resto de los guardias, quienes le expresaron
que -para su tranquilidad- no divulgarían este otro supuesto
episodio ya que su conocimiento por parte de la Superioridad podría
poner aún más en tela de juicio el estado de su
salud mental. (Ya se le había iniciado un sumario interno
con motivo de la denuncia formulada en ocasión de la observación
de la noche anterior);
f) El 16 de octubre de 1972 el notable psicómetra
cordobés Enrique Marchesini (indudablemente el más
grande paragnóstico argentino), al solo contacto de los
yemas de sus dedos con una prenda del señor Moreno, nos
dijo que el paciente era una persona que padecía un fuerte
shock nervioso como consecuencia de una singular experiencia (no
proporcionó detalles sobre la naturaleza de la misma),
que le había impresionado vivamente. Recomendó mucho
descanso y serenidad, añadiendo que el afectado era "un
sujeto sincero en sus manifestaciones".
No dio otros pormenores del hecho. (Va de suyo que no se le suministró
al señor Marchesini detalle alguno concemiente al motivo
de la consulta en cuestión).
g) El análisis del reloj pulsera del señor Moreno (marca "Orient" determinó que se encontraba altamente magnetizado. El técnico que tuvo a su cargo la desmagnetización -sin conocer el origen de la misma- se lamentó de que un reloj tan valioso hubiese sido objeto de la experimentación descontrolada de algún curioso.
6. Análisis comparativo
a) Caso de Villa Santina: El señor,Moreno no encontró ninguna semejanza. (Recuérdese que para el señor Merlo, la analogía estaba dada en las características de los labios).
b) Caso de Hopkinsville: Las orejas le resultaban algo parecidas, especialmente por sus dimensiones. El resto de la entidad no guarda relación alguna con el fenómeno de Santa Isabel;
c) Moais de la Isla de Pascua: El
testigo encontró una sorprendente correspondencia entre
las manifestaciones de Santa Isabel y la foto de un "moais"
de la Isla de Pascua (ver foto 9. Cotejarla con las fotos 7 y
8).
Foto 9. "Moais"
de la Isla de Pascua.
7. Consideraciones sobre
el incidente Moreno
a) A propósito del Efecto EM producido en la motocarga
en que se conducía el se ñor Moreno, resulta conveniente
subrayar que la Universidad de Colorado -al adelantar una probable
explicación del fenómeno- descartó la posibilidad
de que los OVNIs ionizaran de algún modo el aire, al punto
de que la normal combustión interna de un vehículo
se viere obstaculizada. "Esto es considerado improbable -concluyó
Roy Craig en el informe- porque no son reportados efectos fisiológicos
o físicos concomitantes que pudieran ser causados por tal
ionización". (6)
Los efectos acusados por el señor Moreno entendemos que
cuestionan abiertamente el juicio de Colorado, y abren una interesante
posibilidad a la interpretación del efecto EM como una
secuela de la ionización del área de producción
del fenómeno.
Pero aún dentro de la hipótesis que finca la manifestación
de esos efectos en la acción de campos magnéticos
ligados a los OVNIs, nos remitimos -por su importancia- a dos
trabajos del doctor Bernard E. Finch referidos a las derivaciones
sico-fisiológicas de la exposición humana a un campo
de fuerza. (7) Creemos que los efectos denunciados por Moreno
encajan dentro de una u otra perspectiva:
b) El súbito salto
que da la motocarga al trasponer el acceso del hangar, con la
consiguiente normalización del motor, sugiere la posibilidad
de que los elementos constitutivos del mismo (hormigón
armado, chapas de zinc) hubiesen servido de aislantes del campo
de fuerza generado por el fenómeno.
c) El encendido y corte de luz de los tubos fluorescentes
de las salas de Ingeniería y Teletipos -en forma simultánea,
sin intermitencias y sin el contacto eléctrico ordinario-
inducen a pensar en la existencia de una alta dosis de electricidad
ambiental en el área de verificación de esos fenómenos.
Fig. 6. Plano
de la segunda observación de Moreno.
CITAS BIBLIOGRAFICAS
6. "Scientific Study
of UFOs", Bantam
Books, New York .1969, p. 101.
7. Finch B.E. "Beware the Saucers", FSR, enero-febrero
1966, p. 4. "Comment on the Valensole affair", idem,
p. 14.